The Archdiocese of Miami

Columns

No nos precipitemos a través del Adviento

Friday, November 20, 2009
John C. Favalora - The Archdiocese of Miami
Mis queridos amigos:

Ya pasó Halloween, y la Navidad está aquí. Al menos eso es lo que nos anuncian las vitrinas de las tiendas, los comerciales de televisión y hasta algunas casas en nuestros vecindarios. Esto es otro ejemplo del ritmo frenético de la vida moderna.

Pero hay un día festivo antes de la Navidad, y una temporada religiosa que nos conduce a la misma. Creo que no eludirlos nos beneficiaría a todos.

El día festivo es Acción de Gracias y la temporada es el Adviento. Ambos llegan la próxima semana.
Es increíble que Acción de Gracias permanezca como uno de los días festivos menos comercializados del calendario secular. Es uno de los pocos que no gira alrededor de regalar. De hecho, nos obliga a concentrarnos en los dones intangibles que hemos recibido, el regalo inestimable de la familia, las amistades y la fe en un Creador cuya generosidad hacia nosotros es infinita, todo celebrado en el contexto de una cena familiar en la que todos están unidos.

Dios es tan generoso que nos dio a su único Hijo, el verdadero regalo que celebramos en la Navidad. El Adviento es la temporada de la espera optimista y la preparación para recibir al Niño Dios.

¿Qué mejor preparación que el sentimiento de gratitud? ¿Cómo podemos apreciar los dones que hemos recibido si nos aferramos con obstinación a la idea de que los hemos ganado, los merecemos o los obtuvimos por virtud de nuestra propia destreza?

Podemos ser inteligentes y podemos trabajar fuertemente, pero Dios nos dio nuestro talento y nuestra capacidad. De hecho, nuestra mera existencia es un regalo de Dios. ¿Con cuánta frecuencia nos detenemos a dar gracias por el mismo?

Al celebrar Acción de Gracias en el contexto de la cena familiar, se nos recuerda el banquete celestial al que todos estamos invitados, donde Dios comparte su amor con todos sus hijos. Es el regalo más puro, y nuestra misa es una muestra en la tierra de la reunión familiar eterna.

El agradecimiento es, prácticamente, un mandamiento del Antiguo Testamento. Al pueblo judío se le instruyó ofrecer sus hijos primogénitos al Señor. La fiesta de Sukkot (o de las Cabañas) aparece en el libro del Éxodo (23:16) como un tiempo para que el pueblo diera gracias por la cosecha.

La idea del diezmo — devolver el 10 por ciento al Señor — también se origina en este sentido de agradecimiento. Al pueblo judío se le instruyó que no cosechara sus campos una segunda vez, que se asegurara de no recoger la última fruta de la viña, y que dejara lo que quedaba para los transeúntes, los pobres y los extranjeros que dependían en lo absoluto de la generosidad de Dios.

Al dejar parte de la cosecha sin recoger, se le recordaba al pueblo que Dios le había dado lluvia abundante y buena tierra para sembrar. El trabajo del pueblo había contribuido al éxito, pero no era la única razón para ello.

La misma lección se aplica a nosotros en este siglo 21 no-agrícola. Diezmar y dar a los demás es una manera de reconocer nuestra dependencia en el Dios que nos lo dio todo. Es una manera de imitar su generosidad. Y no podemos ser generosos si no somos agradecidos.

Por eso, no nos precipitemos durante el día de Acción de Gracias o estas semanas del Adviento. Tomemos este tiempo para reflexionar en la generosidad de Dios hacia nosotros, y para cultivar una actitud de agradecimiento en nuestra vida diaria. Pienso que nos daremos cuenta de que es la mejor manera de prepararnos para un feriado de Navidad que se concentre en el Regalo y no en los obsequios, y en darnos a nosotros mismos en vez de regalar objetos.

Por lo tanto, disfruten la cena de Acción de Gracias y recuerden cuán agradecidos los peregrinos estuvieron al encontrar que el banquete del Señor esperaba por ellos. Esta tradición ha permanecido porque fueron agradecidos con Dios. La fiesta de Acción de Gracias se conserva como un día de agradecimiento. El Adviento nos prepara para el regalo máximo de Dios: la salvación por el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María para nosotros.