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En 1987, Juan Pablo II vino a los Estados Unidos, y Miami fue su primera escala en un recorrido que abarcó a seis ciudades norteamericanas.
La preparación de la visita papal tomó más de un año, con la participación de centenares de personas, incluyendo sacerdotes, funcionarios del Gobierno y dignatarios del Vaticano. En el condado Dade, en los terrenos de Tamiami Fairgrounds, se erigió un altar especial y una "ciudad por un día", para acomodar al
cuarto de millón de personas que acudieron a la misa al aire libre, único evento público en la visita de 23 horas de duración, que el Papa hizo a la Florida.
Allí, a mitad de la ceremonia, como continuando una tradición que ha perseguido al Arzobispo desde su llegada a Miami, los cielos se abrieron en una cascada de lluvia, acompañada de impresionantes relámpagos. La preocupación por la seguridad de los concurrentes hizo que se interrumpiera la Misa, cosa que ocurría por primera vez en la historia de los viajes papales.
Con su retiro previsto para 1993, ya que el Vaticano ordena el retiro de los obispos a los 75 años de edad, el
Arzobispo McCarthy ha visto su cuota de esperanzas y problemas , triunfos y tragedias, que se corresponden muy de cerca con el hervidero que caracteriza a esta dinámica y turbulenta región del sur de la Florida. Aunque es aún muy temprano para escribir en términos de un legado, no puede negarse cuál ha sido el principal sello del episcopado del Arzobispo McCarthy: su espíritu soñador y visionario ha compelido a los católicos del sur de la Florida a levantar de ven en cuando la riada, de los trajines de acá abajo, para elevarla a la dimensión del cielo.
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